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¡Buenos días!

Esta semana traemos un tema doloroso pero importante: el duelo. Se debe de conocer el proceso y saber cómo afrontarlo, por nosotros mismos y por los mayores a los que cuidamos.

Las personas mayores afrontan, debido a su lugar en el ciclo vital, una gran cantidad de pérdidas (ámbito familiar, social, laboral y personal). Estas pérdidas generan consecuencias (emocionales, espirituales, físicas) que son vividas por ellos de forma más intensa y dolorosa; dificultando el afrontamiento de las mismas y, por tanto, afectando a su vida.

 

¿Qué es el duelo?


 

La palabra duelo proviene del latín dolus “dolor”, y es una respuesta a una pérdida o separación. Es un proceso normal y natural y cada persona lo experimenta a su modo, por lo que es personal y único. Aún así, produce reacciones generales y comunes en la mayoría de las personas.

El duelo se entiende como la sensación de pérdida sin posibilidad de recuperación, fallecimientos, pérdida de la salud y/o pérdida del trabajo. Es una experiencia global que afecta a la persona en seis ámbitos: psicológico, emotivo, mental, social, físico y espiritual. Durante la vivencia del duelo se atraviesa una serie de etapas que se incluyen dentro del proceso normal del duelo. Las fases del proceso, según Kübler-Ross (1975) son:

 

  1. Negación: Es la primera de las etapas del duelo.  Su duración puede ser de unas horas hasta un tiempo ilimitado y aparece como mecanismo de defensa que interfiere en la toma de conciencia de la pérdida del ser querido. En esta fase se observan signos como la búsqueda del fallecido, “oír su respiración”, “sentir su presencia”.
  2. Ira: El proceso de duelo continúa con la Ira. En este caso la persona que sufre la pérdida se enfada, dado que ya va dándose cuenta de la pérdida. Aparece el sentimiento de incomprensión. Cuando la persona es creyente, el enfado puede dirigirse hacia Dios, por lo injusto de la situación, pudiendo cuestionarse la fe.
  3. Negociación/Culpa: En esta fase la ira se transforma y se buscan culpables (médico, enfermeros, familiares,). En esta etapa se observan signos como pesadillas nocturnas, alteraciones del ánimo e, incluso, pensamientos de suicidio.
  4. Depresión: En este momento, la persona empieza a tomar conciencia de la pérdida real. Ya se evidencia la ausencia. En esta fase surgen los asuntos pendientes que invitan a la reflexión… ¿y ahora qué hago yo?.
  5. Aceptación: En esta etapa se acepta la muerte y se trata de rehacer la vida.  El estado de ánimo está aplanado (ni deprimido ni animado). Se reinicia la vida aceptando que nunca volverá esa persona pero que será insustituible.

 

Hay que tener en cuenta que el duelo puede ser normal, patológico, crónico, anticipado, retardado y ambiguo.  El duelo normal es aquel en el que el dolor va disminuyendo en su frecuencia e intensidad, pero en fechas señaladas, se acentúa. El duelo patológico es aquel en el que la persona se ve superada por la pérdida (viéndose una mayor intensidad y frecuencia en la duración del dolor. Entre los indicadores del duelo patológico encontramos la ausencia de reacción ante la pérdida, rabia y sufrimiento extremos, “habitación museo”, entre otros.  Por otra parte, el duelo crónico es aquel donde el dolor dura de forma más significativa, incluso durante años, viéndose afectadas en mayor medida las áreas de vida de la persona. El duelo anticipado ocurre en aquellos casos donde ha existido una enfermedad crónica, por ejemplo. La persona en este caso se anticipa a la pérdida, preparándose para la misma. El duelo retardado, como su nombre indica, se expresa pasado un tiempo; es decir, la persona en las primeras fases controla las emociones (porque cree que debe serlo, porque centra su atención en otras cosas que “necesitan” de su implicación”), para posteriormente, tras un tiempo y dado un recuerdo, por ejemplo, se desencadena el duelo. Por último, el duelo ambiguo aparece en los casos en los que no hay presencia física del fallecido (desapariciones, etc.)

 

En cuanto a las manifestaciones probables del duelo encontramos:

  • Nivel emocional: enfado, culpa, anhelo, soledad, ansiedad…
  • Nivel físico: opresión en el pecho, falta de aire, falta de energía, sequedad en la boca…
  • Nivel cognitivo: preocupación, alucinaciones, incredulidad…
  • Nivel comportamental: dificultades de sueño, llanto, buscar y llamar en voz alta, soñar con el fallecido…

 

En el caso de las personas mayores, si bien las etapas son las mismas por las que pasan todas las personas, tienen mayores dificultades para transitar entre las diferentes fases, experimentando, además, problemas para adaptarse al medio en el que el fallecido se encontraba, para recolocar a éste emocionalmente y para seguir adelante con la vida. Otros indicadores que marcan el padecimiento de un duelo no saludable serían: pérdida de autoestima, amenaza o intento de suicidio, aislamiento, idealización, restricción drástica de la esperanza de vida…

Se tiene que poner especial interés en el tema de la pérdida de la pareja dado que las personas deben de adaptarse al medio, un medio que conocen compartido con el otro, con el que compartían la vida. La adaptación suele ser compleja y necesita de un arduo trabajo donde aprender a gestionar las emociones y la nueva situación experimentada.

 

¿Qué se debe hacer en esta situación?


 

Se debe de ACOMPAÑAR. Y… ¿Cómo se acompaña?

Se debe de favorecer el apoyo emocional evitando frases típicas (“está en un lugar mejor”, etc) y sobre todo debe de ponerse en marcha la ESCUCHA. Por otro lado, se debe de ayudar en la nueva situación, facilitando el tránsito de cambio de vida (p.e. fallece tu padre y tu madre se encuentra desubicada, pues se tiene que intentar que haga visitas, que pida ayuda…) y evitando el sentimiento de soledad. Asimismo, la actividad física, cognitiva, ocupacional, entre otras, también ayuda en estos casos.  Y, por último, no hay que olvidar la ayuda profesional; un psicólogo experto en envejecimiento y duelo puede ayudar a experimentar y resolver el proceso de duelo.

 


 

Como siempre, si necesitas asesoramiento o ampliar información, no dudes en ponerte en contacto con la asociación. Estaremos encantadas de ayudarte.

 

 

 

Bibliografía

  • González y M. Nevado. Acompañar en el duelo. De la ausencia de significado al significado de la ausencia. Desclée de Brouwer.
  • Méndez y Martínez (2015). Pautas de Intervención profesional con personas mayores.  Riquelme y Ortigosa. Cap. 13 Los procesos de duelo en las personas Mayores (169-180). Universidad de Murcia

 

 

 

 

 

 

 

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