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La mediación familiar se ha desarrollado principalmente en el ámbito de la pareja, y si bien este campo es muy interesante, hay muchos ámbitos donde puede aplicarse la mediación; como por ejemplo, en el ámbito de lo problemas sanitarios. Las dificultades pueden surgir cuando, en este caso, una persona mayor, no está capacitado para tomar decisiones por sí mismo y los familiares tienen que ponerse de acuerdo.

La mediación familiar es importante para identificar los conflictos, para frenar la escalada de los mismos y promover unas relaciones familiares más pacíficas.

Cuando hablamos de personas dependientes, surgen problemas relacionados principalmente con los cuidados, es decir, sobre quién, cómo y dónde cuidar a una persona que no puede valerse por sí misma, bien sea por deterioro, discapacidad o enfermedad física o psíquica. En cualquier caso, entran en juego mitos y pautas estereotipadas (pensar negativamente en residencias e instituciones, creer que la hija soltera es la que debe de cuidar, etc…)

Es de señalar que las personas mayores perciben los conflictos existentes, afectándoles a nivel psíquico y emocional.
Por tanto, y entendiendo que el propio proceso de envejecimiento ya trae consigo una serie de cambios derivados de la pérdida de amigos y seres queridos, de la incapacidad para la realización de actividades, etc., se debe procurar el bienestar de los mayores a todos los niveles, siendo esto último el objetivo principal.

 

¿Qué se pretende con la mediación familiar en este tipo de casos?

 

• Ayudar a enfrentarse a hechos dolorosos y desarrollarse dentro del conflicto bajo la imparcialidad del mediador/a.
• Encontrar una explicación sobre lo que ha pasado o está pasando de forma voluntaria.
• Comprender los sentimientos que surgen en el día a día
• Ser escuchados bajo la premisa de la confidencialidad.
• Alcanzar un acuerdo evitando la vía judicial y, por tanto, los costosos gastos derivados de ésta.
• Restaurar la confianza perdida basándose en el respeto a través de un papel activo en el proceso.
• Llegar a una reconciliación

 

Por tanto, el objetivo que se pretende con la mediación familiar no es otro que trabajar un amplio conjunto de aspectos entre los que se encuentran:

 

• Definición de las dificultades de cada una de las partes del conflicto y el grado de responsabilidad de cada una de ellas.
• Ofrecer la posibilidad de que cada una de las partes exprese cómo se siente y fomentar la empatía.
• Obtención de acuerdos centrados en la mejora del bienestar psicológico de los miembros del grupo familiar y en pautas dirigidas a mejorar la convivencia entre éstos.
• Reconocimiento de cualquier circunstancia que afecte a la situación y sea susceptible de análisis e intervención.
• Alternativas a la denuncia. Posible retirada o no de ésta por parte del denunciante.
• Coordinación con servicios externos de apoyo a la familia (asesoramiento jurídico, orientación psicológica), así como con los servicios propios del centro en el que se encuentre el familiar internado.

 

En cualquier caso, existe la posibilidad de contar con este servicio antes de llegar a un conflicto de mayor gravedad. Todos, en mayor o menor medida, hemos vivido una reunión familiar en la se han tratado temas «sensibles». Había signos de que el conflicto iba a surgir inevitablemente porque los puntos de vista eran muy distintos y, esta perspectiva de reunión nos ha creado un estrés innecesario así como la predisposición a ir «a la defensiva». Desde la Asociación Memoria Vital Psicología, abogamos por la prevención de estas situaciones y los conflictos derivados de ellas, proponiendo un servicio puntual en el que el mediador asistiría a dichas reuniones para realizarlas de forma más efectiva y eficaz, y así conseguir salir con decisiones claras y consensuadas libres del estrés que conllevan.

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